Crowdfunding: qué es, cómo se puede hacer, cuánto se puede sacar

El crowdfunding, o el aprovechamiento de la inteligencia colectiva para financiar proyectos, no es algo nuevo. Wikipedia, por poner un caso conocido por todo el mundo, es un buen ejemplo de cómo un proyecto puede sobrevivir gracias a microaportaciones de muchas personas que creen en él.

Pero no hace falta ser Wikipedia para plantearle a gente que invierta en tu proyecto y os lo vamos a demostrar mediante el estudio rápido de dos casos que representan dos vías de apostar por este tipo de financiación, con Internet como aliado.

1. Crowdsourcing “a pulmón”: case study “El Cosmonauta

En noviembre de 2011 vio la luz la web de “El Cosmonauta” y comenzó la aventura de un grupo de jóvenes decididos a inventar nuevas formas de realizar una película desde la fase de producción hasta la de distribución. Con un argumento y las ideas muy claras, el equipo de Riot Cinema Collective planteó al mundo la posibilidad de colaborar con su proyecto económicamente, en la difusión, incluso en la elaboración de la cinta. El resultado está por llegar (aún no se ha estrenado el filme), pero hasta ahora han conseguido más de 2.000 donaciones con cantidades que oscilan entre 2 y 3.000 euros.

El equipo de “El Cosmonauta” no se apoyó en ninguna plataforma para lanzar su iniciativa. Crearon su web y todo un entramado 2.0 alrededor que les sirvió para darse a conocer gracias al boca oreja y para interactuar con la comunidad creada en torno al proyecto, en consonancia con el modelo que proponen. Cabe destacar el estupendo trabajo de promoción y difusión que han realizado, una de las claves de su éxito.

2. Crowsourcing “con trampolín”: case study el disco de Jero Romero

La semana pasada, el crowsourcing volvió a saltar a la palestra a raíz del éxito de la convocatoria de Jero Romero (ex Sunday Drivers) para financiar su nuevo disco. El músico utilizó Verkami, una de las distintas plataformas de crowdsourcing que existen en España, especializada en proyectos relacionados con la creación artística y cultural, y en menos de 24 horas había conseguido los 10.500 euros que necesitaba para grabar y editar su nuevo LP. A día de hoy, con el plazo para hacer aportaciones aún abierto, la propuesta de Jero lleva recaudados más de 14.000 euros.

Verkami, Volanda y Lánzanos (todas plataformas de crowdfunding), pretenden ser espacios de conexión entre usuarios “creadores” y usuarios “minimecenas”. El funcionamiento suele ser que el creador presenta su proyecto y le pone un precio (el dinero que necesita para ponerlo en marcha). Desde ese momento, se fija un plazo para conseguir el capital (componente reto) y se establecen “paquetes” de aportaciones con distintas recompensas: una copia del libro o cd, una cena con los autores, el nombre en los créditos o agradecimientos… cuanto más grande sea la cantidad, más jugosa la recompensa.

Estas webs son relativamente nuevas en España (comenzaron a finales del año pasado), pero cuentan con un largo recorrido en otros países como Estados Unidos, de donde es la madre de todas las plataformas de crowsourcing: KickStarter. Y aunque sean los proyectos artísticos los que más resuenan, el crowsourcing no es una opción sólo para creadores, también puede ser la vía para abrir un negocio, por ejemplo, la fabricación en serie de un kit de herramientas para los aficionados al deporte de abrir candados… ¿una locura? Pues el joven del vídeo consiguió más de 87.000 dólares, cuando tan sólo pedía 6.000.

Por sus características, el crowfunding es una buena opción para iniciativas de corte social (por apelar al compromiso colectivo), para iniciativas de nicho (como nuestro amigo el de los candados) y, obviamente, para proyectos cuyos impulsores cuenten con una amplia comunidad de seguidores (caso de Jero). Pero lo más importante es, siempre, siempre, saber llegar a tus potenciales inversores.

Las plataformas están para dar visibilidad a los proyectos, pero no bastan por sí solas, hay que saber cómo presentarlo para que sea atractivo y hay que apoyarse en otros espacios sociales, tal y como han hecho los chicos de “El Cosmonauta”. En definitiva, al plantearse el crowsourcing, no basta tener un proyecto y conocer las vías, sino que hay que saber venderlo.